Internet y nosotros, los… ¿nativos digitales?

Actualmente, gran parte de la población mundial utiliza Internet a diario, para actividades tanto laborales como recreativas. Según los datos de un informe elaborado por We are Social y Hootsuite, a principios de 2018, el número de usuarios de Internet estaba alrededor de 4.021 millones.

 

Yendo un poco hacia atrás podemos analizar algunas otras cifras cuantitativas y darnos cuenta de que el crecimiento de usuarios de Internet, tal como lo es el de las redes que se tejen, es exponencial. La primera vez que se realizó este cálculo fue en 1996, con un resultado de 40 millones.

 

En 2013 ya éramos más de 2.500 millones y, como mencionamos en el primer párrafo, ahora el resultado asciende a poco más del 50% del total de los habitantes de nuestro planeta. Según estudios al respecto, este gran crecimiento se relaciona con la creciente oferta y variedad de teléfonos con las mismas funciones que una computadora y con planes de datos cada vez más amplios y accesibles.

Generaciones X e Y hoy en día

 

Nosotros, fervientes usuarios, damos por sentado el normal funcionamiento con conexión a Internet de muchas de nuestras herramientas de trabajo, de muchos dispositivos lúdicos que utilizamos en momentos de esparcimiento y de todas las redes sociales que chequeamos permanentemente, casi de modo automático e inconsciente.

 

 

Con sólo contar cuántas horas dedicamos a actividades que involucren tecnología e Internet y con imaginar cuántas acciones que llevamos a cabo cada día podrían dejar de funcionar sin el acceso a Internet podemos tomar dimensión del acostumbramiento incorporado que, según las tendencias, parece ir en crecimiento hacia el futuro más próximo.

 

Este hecho de estar tan habituados a la conectividad nos incorpora dentro del grupo de “nativos digitales”. Este concepto fue desarrollado por Marc Prensky allá por el año 2001 para describir a quienes nacieron o nacimos en un momento de desarrollo de alta tecnología digital y estuvieron o estuvimos rodeados desde la infancia por las nuevas tecnologías.

Otras perspectivas sobre el tema

 

Según Genís Roca, sin embargo, tal vez el elemento indicado para definirnos como nativos digitales (en oposición a los “inmigrantes digitales”) no sea la edad sino, más bien, la cantidad de tiempo y el tipo de uso que le otorgamos a la tecnología y a la conectividad.

 

Por otro lado, tampoco es lo mismo hacer estas observaciones y mediciones en Estados Unidos o en países de similar desarrollo económico y posicionamiento sociopolítico en el mapa actual que hacerlo en otros de diferentes condiciones, donde la brecha generacional es un dato anecdótico en relación a aspectos más principales en las posibilidades de acceso.

 

De esta manera, la edad sería tan solo una variable más a tener en cuenta a la hora de establecer estas categorías para los usuarios de Internet, dado que también entrarían en juego factores como la localización geográfica, la alfabetización, la accesibilidad a las nuevas tecnologías, el perfil socioeconómico y los intereses personales.

 

Javier Pedreira Wicho, un investigador español y creador de uno de los blogs sobre ciencia y tecnología más leídos en nuestro idioma va más lejos en relación a este tema y es tajante al decir que los nativos digitales no existen. Según explica en una interesante charla, son los -como les llama- “cacharros” los que se han adaptado a nosotros y no somos nosotros los que nos hemos adaptado a los nuevos dispositivos y tecnologías.

 

Explica que, en esa línea de cambio continuo, todos somos inmigrantes digitales en la era de Internet y, más aún, lo somos permanentemente. Plantea además el uso que hacemos de los saberes digitales, algo que implica responsabilidad y aprendizaje y la manera en que nos hacemos cargo o no de explicarles a los niños las maneras adecuadas y constructivas para hacerlo.

Perdidos en el (¡ciber!) espacio de internet

 

Circula en Vimeo y en YouTube, aunque sin traducción al español, un divertido cortometraje rodado en Irlanda, mitad realidad mitad ficcionalización de esa realidad. Allí se ve a un grupo de amigos que acostumbran a reunirse en un bar movilizados por el hecho de que, un atormentado día de octubre de 2012, la televisión analógica cambió por la transmisión televisiva de señal digital.

 

A pesar de que el tema central es la tecnología y la aparición de Internet que posibilita este cambio para ellos, las charlas empiezan a tomar rumbos existenciales y místicos. Es así que surgen tópicos enormes y abstractos como la vida, la muerte, la existencia y la física cuántica.

 

Gracias a este abanico de reflexión planteado por un simple hecho de avance tecnológico, el documental irlandés se convierte en una reflexión acerca de la sociedad, la forma de relacionarnos y de estar en el mundo actual, el cibernético y el real también. Invita a repensar nuestro rol como espectadores de las actividades de otros y como constructores de la imagen más favorable que queremos mostrar de nosotros mismos para la posteridad.

 

 

Y, claro está, arroja sutilmente y sugerida la idea de que no todos tenemos que ni deseamos hacer el mismo uso de la tecnología ni de Internet. Tampoco al mismo ritmo ni con la misma frecuencia. Ahora bien, lo cierto es que, transcurridos ya largos años desde la aparición de Internet, dispositivos más o menos y horas más o menos frente a ellos, nos parecería impensado el no acceso a Internet porque, ¿cuántas actividades diarias a las que estamos habituados requieren conectividad?

 

Autor entrada: Carmen